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  Familias ensambladas: otra forma de convivir
Lic. Alicia Bitton

Una familia ensamblada es aquella en la cual al menos uno de los miembros de la pareja  tiene un hijo o hija de una relación anterior.
En Congresos e investigaciones se ha venido reflexionando sobre las nuevas organizaciones familiares que están teniendo lugar en la actualidad. Hay una revisión del concepto de familia que incluye organizaciones diversas a la familia tipo o nuclear, formada por el padre y la  madre con hijos.
En las  familias tradicionales los roles  y las funciones estaban claramente determinados por la cultura. Denominamos cultura al conjunto de normas y mandatos explícitos e implícitos que la sociedad impone a sus miembros y llamamos rol al papel que la cultura espera que un individuo cumpla en su familia En la familia tradicional las funciones estaban claramente determinadas: se esperaba que el hombre tuviese los  roles  de productor y de proveedor y que la mujer tuviese las funciones  de esposa y  madre, es decir, que se hiciese totalmente cargo del trabajo de la casa y de la crianza de los chicos. Largo camino se ha recorrido…La mujer comenzó a tener otras funciones, como la de trabajar fuera de la casa y el hombre  aunque en menor medida  comenzó a colaborar con los trabajos antes exclusivos de la mujer. La familia tradicional, proporcionaba , por lo tanto, un marco de seguridad sobre cómo actuar o comportarse. Hoy es diferente.
Según las estadísticas, en las configuraciones actuales predominan tres tipos de agrupaciones familiares: las familias uniparentales, es decir, con un solo progenitor a cargo - ya sea por viudez, divorcio, maternidad en soltería o adopción de hijos-; las uniones de homosexuales y las familias ensambladas. Esto se debe a múltiples factores. En primer lugar, en  el transcurso de una larga  vida conyugal, las parejas muchas veces crecen en forma desigual. Sucede con frecuencia  que las parejas comienzan en un estado de total enamoramiento y acuerdo mutuo,  pero luego  los cónyuges  se van desarrollando en  forma divergente. Hay circunstancias que van teniendo efectos importantes: por ejemplo, la llegada de un hijo, el estudio de una  carrera universitaria o la pérdida de trabajo del cónyuge proveedor. Esta desigualdad en los tiempos de los integrantes de la pareja hace que ésta entre en crisis y que sea necesario recontratar el vínculo matrimonial o disolverlo.
En segundo término, las personas viven mayor cantidad de años y por esto mismo atraviesan más crisis personales y de relación. Por otra parte, el imperativo religioso, ético o psicológico de mantener los matrimonios a toda costa ha ido cambiando y el divorcio ha pasado a ser otra etapa más del ciclo vital. Finalmente, los hijos de padres  divorciados, que antes eran observados como hechos singulares, son  en la actualidad la “fotografía habitual” y esto provocó una gran  aceptación de la diversidad de los diferentes tipos de familias.
Cuando trabajamos con  familias ensambladas, las relaciones familiares  tienen un nivel mayor de complejidad. Debemos tener en cuenta que la adaptación  mutua que deben hacer sus miembros no es automática: es  un proceso, y un proceso implica tiempo: por ejemplo, tiempo de elaboración de pérdidas. Una familia ensamblada en su comienzo no tiene  historia, sino que está edificada sobre historias de otras familias. Nació de una pérdida, ya sea por separación o por viudez. Y es en la repetición de ciertas  conductas, en la creación de costumbres, que se va creando lo idiosincrático, lo singular y lo propio de esta nueva familia. Debido a la complejidad de esta nueva situación, es importante nutrir y consolidar tanto la relación entre los miembros de  la nueva pareja como las relaciones entre los hijos de los respectivos cónyuges.
Para constituirse como familia, necesitan ir tejiendo nudos, ir armando una matriz en la cual sientan pertenencia. Es indispensable que puedan establecer una nueva identidad como grupo. Un punto importante para  trabajar es la creación de nuevas tradiciones. Bien sabemos que las tradiciones y rituales son las que van  uniendo y tejiendo la trama de la historia familiar. Un ejemplo son los  cumpleaños,  las navidades,  el año nuevo, las graduaciones, los logros conseguidos. Son, todas  ellas ocasiones que sirven para estar juntos y compartir   tanto la preparación de esos eventos,  como su realización. Otro ejemplo sería compartir tareas de la casa: cocinar juntos, distribuirse quehaceres, mirar películas juntos, participar todos de un mismo juego…  Esto queda en la memoria  de todos los miembros de la familia y resulta muy atractivo recordar cuando están juntos los momentos felices vividos.
Otro punto importante es respetar la importancia  de los padres biológicos respectivos. Debe contemplarse y legitimarse el acceso al padre o a la madre que no esté viviendo con la familia ensamblada. Los estudios indican que los hijos que mejor se amoldan al divorcio de sus padres son los que tienen mayor acceso a ambos.
Los terapeutas familiares estamos en un contacto permanente, viendo en la clínica los efectos inmediatos que generan los cambios culturales, económicos, políticos y sociales.
El objetivo de la intervención terapéutica será ayudar a la familia a construir un modelo familiar que tenga lugar para todos, para lo cual habrá que desarrollar al máximo los potenciales de salud y recursos de todos los involucrados.
Tenemos buenas experiencias con familias que han hecho consultas preventivas antes de la convivencia, trabajando sus temores, sus fantasías, y  consensuando los distintos aspectos de las relaciones. El intento, y el resultado, valen la pena.

 
 
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